Jugar a cuidar: el valor de las muñecas en una infancia entre pantallas

Una niña acomoda a su bebé en una cunita, le cubre los pies y le dice bajito: “Ya duérmete, aquí estoy”. Un niño prepara una comida imaginaria para su muñeca y le pregunta si le gustó. Son escenas sencillas, pero llenas de significado: mientras juegan, inventan historias, exploran emociones y ensayan maneras de cuidar.

En una vida cotidiana donde las pantallas ocupan cada vez más espacio, el juego con muñecas y bebés de juguete sigue ofreciendo algo valioso: un mundo que los niños pueden construir a su propio ritmo, con sus manos, sus palabras y su imaginación.

La creatividad comienza con un “vamos a imaginar”

Una muñeca puede convertirse en una paciente, una compañera de aventuras o un bebé que acaba de llegar a casa. Una caja puede ser su cama; una cobija, el techo de una casa.

El juego abierto permite que los niños decidan quiénes son los personajes, qué les sucede y cómo continúa la historia. Pueden cambiar de idea, probar soluciones y empezar de nuevo. Cada pequeño relato les ofrece oportunidades para crear y tomar decisiones.

A veces, lo que necesitan para imaginar es tan sencillo como un juguete, un poco de espacio y tiempo sin prisas.

Imaginar lo que siente alguien más

“Mi bebé tiene frío”. “Está triste porque quiere compañía”. “Le voy a explicar para que no tenga miedo”.

Cuando los niños atribuyen sentimientos y necesidades a sus muñecas, practican pensar desde otra perspectiva. Se preguntan qué podría sentir alguien más y cómo responder.

Las investigaciones sobre el juego con muñecas sugieren que puede ofrecer oportunidades para ejercitar la comprensión de los pensamientos y las emociones de otros. Es una forma de explorar la empatía a través de situaciones que ellos mismos imaginan.

Un espacio para hablar y expresar emociones

Durante el juego aparecen conversaciones, preguntas, explicaciones y palabras de consuelo. Los niños narran lo que sucede, dan voz a sus personajes y construyen diálogos.

También pueden incorporar experiencias de su vida cotidiana: una visita al médico, el nacimiento de un hermano, una despedida o la rutina de dormir. Al representarlas, encuentran una forma de explorar lo vivido y expresar lo que les interesa o les preocupa.

Para los adultos, acompañar esos momentos con atención y sin dirigir cada detalle puede abrir conversaciones muy bonitas. Una pregunta sencilla, como “¿qué le pasa a tu bebé?”, deja espacio para escuchar.

Cuidar también se puede aprender jugando

Vestir a una muñeca, acomodarla para descansar o preparar sus cosas permite representar acciones de cuidado. Dentro de esas historias, los niños exploran la paciencia, la delicadeza y la atención a las necesidades de otro.

Cuando comparten el juego, además, necesitan ponerse de acuerdo: quién hará cada personaje, qué sucederá después y cómo usarán los accesorios. Así aparecen oportunidades para colaborar, negociar y escuchar ideas distintas.

Estas experiencias son valiosas tanto para niñas como para niños. La imaginación, la ternura y el cuidado son capacidades humanas que todos pueden explorar.

Hacer espacio para el juego en tiempos de pantallas

Las pantallas forman parte de nuestra vida. Dar lugar al juego con muñecas permite ampliar las experiencias de la infancia con momentos de movimiento, conversación, imaginación y contacto con objetos reales.

Para invitar a jugar no hace falta organizar una actividad complicada. Una muñeca accesible, algunas prendas, una cobijita y un rincón cómodo pueden ser suficientes. También ayuda dejar tiempo libre y permitir que la historia tome el rumbo que el niño elija.

Podemos acompañar cuando nos inviten, seguir sus ideas y disfrutar de ese mundo que están creando.

El valor de esos pequeños momentos

Quizá años después ya no recuerden cada accesorio o cada trajecito. Pero una muñeca puede quedar ligada al recuerdo de una tarde tranquila, una historia compartida o alguien que se sentó a jugar a su lado.

En Tiny creemos en el valor de esos momentos: una infancia con espacio para imaginar, expresar, cuidar y crear vínculos.

Porque, entre arrullos, conversaciones y aventuras inventadas, el juego abre oportunidades para descubrir el mundo y relacionarse con los demás.